La reconstrucción de la necrópolis

Como parte del nuevo proyecto para el disfrute del Parque Montale, también se incluyó en el recorrido una nueva zona de exposición dedicada a los rituales funerarios de los terramares.

Aquí el visitante se mueve por el espacio como si recorriera un camino de la necrópolis y fuera testigo de una ceremonia que tuvo como protagonista al difunto, un guerrero, y a la comunidad que a través de una serie de rituales le confió al otro mundo. Los lentos gestos de las sombras filmadas tras un velo narran lo sucedido durante la liturgia funeraria.

La procesión

La procesión que acompaña el último viaje del guerrero atraviesa la necrópolis. A la cabeza va el oficiante del rito, que eleva hacia el cielo un disco con el símbolo solar.

La pira y el osilegio

El guerrero se deposita en una plataforma de madera para prepararlo para el viaje de ultratumba y luego se deposita, junto con su espada, en la pira.
Lo que queda tras la incineración son pequeños fragmentos óseos que se seleccionan y lavan cuidadosamente para introducirlos en la urna: por lo general, los restos de las extremidades inferiores se depositaban en el fondo, mientras que hacia la boca del recipiente se colocaban los restos de los huesos del cráneo.

La última ceremonia

Al guerrero se le reserva una última ceremonia: la espada, que ya no le servirá y no debe pertenecer a nadie más, se rompe y los fragmentos se depositan en el suelo. El banquete funerario y las libaciones, probablemente a base de vino, concluyen el ritual.
La reconstrucción es el resultado de las excavaciones arqueológicas realizadas en la necrópolis de Casinalbo y de una minuciosa investigación multidisciplinar que ha devuelto la imagen detallada de un ritual que evoca un famoso funeral de la antigüedad sorprendentemente similar a los del terramare, el funeral de Patroclo narrado por Homero.

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