Zona arqueológica

Las excavaciones en la colina de Montale, que comenzaron en el segunda mitad del siglo xix y se reanudó después de más de un siglo en 1996, Desenterraron los restos de una terramara.

Las excavaciones se hicieron visitables en un espacio museístico compatible con el paisaje natural e histórico.

El terraplén

El terraplén defensivo de la terramara de Montale fue identificado y topografiado ya en el siglo XIX por Carlo Boni, autor de la excavación y primer director del Museo Cívico de Módena.
Por las notas y secciones de excavación que nos dejó, sabemos que tenía un tamaño imponente.
La anchura máxima en la base era de al menos diez metros, mientras que la altura conservada es de dos metros, aunque la elevación original debió de ser aún mayor y aumentada por una empalizada que muy probablemente se alzaba encima.
Sin embargo, las excavaciones del siglo XIX no identificaron el foso, que en cambio ha sido reconocido en investigaciones recientes que han demostrado que era muy grande, alcanzando una anchura de más de 35 metros en algunos lugares, mientras que tenía unos tres metros de profundidad desde el nivel del suelo circundante.

Zona de excavación

Originalmente, la terramara de Montale tenía una extensión aproximada de una hectárea, sin contar el foso que rodeaba por completo el pueblo.
En la zona arqueológica se han resaltado las trazas de las fortificaciones y se ha convertido en museo la zona de las excavaciones de 1996-2001, donde se puede observar la estratigrafía arqueológica de más de tres metros de altura y uno de los planos horizontales de la excavación, ambos realizados mediante calcos perfectamente similares a las superficies originales, ya que por motivos de conservación no fue posible exponer los restos orgánicos.
La excavación puso al descubierto una estratigrafía muy articulada que permitió retrazar las fases de la vida del poblado, gracias también al hallazgo de numerosos restos de madera referibles a estructuras habitacionales.
Se han identificado los restos de cinco viviendas posteriores, un granero y un taller metalúrgico.
Gracias a la abundancia de datos estructurales pertenecientes al periodo más temprano de la aldea, la Fase I y la Fase II, fue posible trazar los planos de dos viviendas y reconstruirlas en el museo al aire libre.
La datación se obtuvo mediante materiales arqueológicos y dataciones por radiocarbono que indican un lapso cronológico para la terramara de Montale comprendido entre la Edad del Bronce Medio 2 y la Edad del Bronce Reciente 1, es decir, entre el siglo XVI y principios del siglo XIII a.C.
Los datos de las excavaciones están proporcionando abundante información científica sobre los aspectos arqueológicos, pero también sobre las actividades económicas y el entorno de los terramares.
Gracias a la investigación especializada, ha sido posible reconstruir la situación climático-ambiental y comprender que la comunidad de Montale basaba su supervivencia en una agricultura bastante avanzada, consistente principalmente en cereales y, de forma secundaria, en algunas leguminosas, y en la cría de cabras, cerdos y ganado vacuno.
Entre los restos arqueológicos predomina la cerámica, pero también se atestiguan numerosos objetos de bronce, asta de ciervo y ámbar.
De particular importancia es la presencia de varios objetos de madera, entre ellos un pequeño arado, restos de arcos, un cuchillo y una barra de hoz.

Restos de murallas medievales

A principios del siglo XII había un castillo en la loma, cuyos cimientos pueden ser anteriores.
Del castillo se han encontrado algunos restos de muralla bajo la actual casa parroquial, vestigios de una torre y de los muros que recorrían el perímetro del terraplén del terramaricolo.
Es posible que el campanario de la iglesia actual se construyera donde se alzaba la torre principal del castillo.

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