Parque arqueológico y museo al aire libre 

Las excavaciones en la loma de Montale han sacado a la luz los restos de un terraplén que puede visitarse en un espacio museístico equipado.

Los terramare son pueblos que surgieron en Emilia y la zona central del valle del Po hacia mediados del II milenio a.C.

En el museo al aire libre se ha reconstruido parte de la aldea con un foso, un terraplén y dos casas amuebladas con cerámica, utensilios, armas y ropas que reproducen fielmente los originales de 3500 años de antigüedad.

Terramar

En las primeras décadas del siglo XIX, el nombre terramare se utilizaba para indicar las canteras de tierra orgánica excavadas en colinas bajas, habituales en el paisaje del valle del Po en aquella época.
Los montículos no tenían un origen natural y la tierra que los formaba, que se vendía para abonar los campos, era rica en restos arqueológicos. Durante mucho tiempo, estos restos se atribuyeron a asentamientos o necrópolis romanos o celtas.
Sólo a partir de 1860, cuando la investigación científica sobre la prehistoria comenzó a intensificarse en Italia, se comprendió que el verdadero origen de estas lomas era atribuible a poblados de la Edad del Bronce, y desde entonces el término terramara fue utilizado por los arqueólogos para referirse a estos asentamientos.
Gracias a las numerosas excavaciones, los terramares se hicieron famosos en toda Europa y sus restos enriquecieron los museos de la región.

Pueblos 

Las excavaciones realizadas en los últimos 20 años han demostrado que los terramares eran poblados fortificados datados entre la Edad del Bronce Media y la Reciente (ca. 1650 - 1170 a.C.), rodeados por un terraplén y un foso.
El tamaño de estos asentamientos variaba: de 1-2 hectáreas en las fases más antiguas a 20 hectáreas en las fases más avanzadas.
Las casas, dispuestas dentro del poblado según un módulo ortogonal, se construían con frecuencia sobre cubiertas aéreas, como las viviendas sobre pilotes, aunque a diferencia de éstas no se levantaban en zonas lacustres o fluviales.
Las casas estaban flanqueadas y separadas por calles muy estrechas (entre 1,5 y 2,5 metros). Las calles más grandes debían ser las arterias principales del pueblo.
Las aldeas eran muy frecuentes y toda la zona que comprendía la llanura emilianense y las tierras bajas de las provincias de Cremona, Mantua y Verona estaba densamente poblada. El número total de habitantes era muy elevado para la época, podría haber sido de entre 150.000 y 200.000.

La empresa

La sociedad se organizó según un modelo participativo que implicaba a toda la comunidad, aunque las diferencias económicas y sociales ya eran evidentes.
Además de los jefes, los guerreros representaban la élite emergente y sus mujeres también debían gozar de cierto estatus privilegiado.
También era importante el papel de los metalúrgicos, que fabricaban espadas, puñales, lanzas, broches, fíbulas, navajas, pero también utensilios agrícolas como hoces.
En las fases posteriores, las diferencias entre los pueblos debieron de agudizarse y empezaron a formarse centros más importantes junto a otros que probablemente funcionaban como centros menores.

El fin del Terramare

Alrededor del año 1200 a.C., el mundo de los terramares entró en crisis y, al cabo de unas décadas, los terramares desaparecieron.
Los arqueólogos aún no tienen una respuesta para explicar este fenómeno, pero es posible que una serie de causas, antropogénicas y naturales, provocaran el fin del sistema terramárico.
Entre ellas, no se puede excluir un empeoramiento del clima, aunque fuera menor, que podría haber provocado una crisis en la economía agrícola, base del sustento de los habitantes de las terramare.
Sin embargo, el cambio climático no parece ser la única causa de un colapso tan drástico.
Por tanto, el fin de los terramares sigue siendo hoy un problema sin resolver.

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