En Montale el foso fue reconocido en las excavaciones de 1996 - 2002. La estratigrafía encontrada en su interior documenta su construcción en la época del asentamiento o poco después. Alcanzaba una anchura de 40 metros en algunos puntos y una profundidad de unos 3 metros. Con el abandono de la terramara, se fue rellenando progresivamente con depósitos aluviales. Durante las épocas etrusca y romana dejó de ser visible. En la Edad Media, al mismo tiempo que la construcción de la castillo, se excavó una nueva zanja perimetral, que coincide en parte con el trazado de la Edad del Bronce.
La muralla defensiva, identificada en las excavaciones del siglo XIX, tenía unas dimensiones impresionantes: una anchura máxima en la base de al menos 10 metros y una altura conservada de dos metros. Sin embargo, la elevación original debía de ser más elevada y, con toda probabilidad, sobre ella se levantaba una empalizada. La anchura total del foso y el terraplén era, por tanto, cercana a los 50 m, lo que dificultaba el acceso a la aldea.